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🌿 María, la jardinera del alma



El cielo apenas comenzaba a teñirse de oro.

Un gallo cantó, y en ese instante, María abrió los ojos.

La tierra la esperaba.


No necesita reloj.

María vive conectada con algo más profundo:

el pulso sagrado de la naturaleza.


Se estira. Respira. Agradece.

En su mesa: fruta fresca, pan tibio, agua clara.

Desayuna lo suficiente para lo esencial.

Porque lo que le espera no es una rutina:

es un acto de amor.


María no solo cultiva un huerto.

Cultiva la vida.

La suya, la de los suyos… y la de todo lo que florece.


Tal vez la has visto.

O tal vez… tú también eres María.





🌸 PRIMAVERA



Todo florece. Todo comienza.


La tierra despierta.

Los brotes rompen el silencio del suelo.

Todo vibra, todo crece, todo canta.


María también renace.

Con las manos desnudas prepara el suelo.

Durante tres ciclos de luna, siembra, cuida, conversa con la tierra.

En el cuarto, la deja descansar.


Porque ella sabe: el descanso también es parte de la siembra.

Y mientras la savia sube y los verdes se intensifican,

María ya escucha el llamado del sol.





☀️ VERANO



La gran expansión


Los días se alargan.

El sol se impone desde temprano.

El gallo canta antes, y con él, también lo hace María.


Se hidrata con fruta jugosa.

Recoge su canasto y sale al huerto.

El calor no la detiene; la impulsa.


Las plantas estiran sus brazos verdes hacia el cielo,

y María, en silencio, agradece cada fruto.


Durante tres lunas cuida, riega, observa.

Luego, se retira unos días.

Deja que la tierra respire.


Agradecer también es una forma de nutrir.





🍁 OTOÑO



Tiempo de cosecha y reflexión


El aire cambia.

El viento arrastra hojas doradas.

Los árboles se visten de ocres, marrones, rojos quemados.


María camina más despacio.

Observa. Escucha. A veces, se emociona.


El otoño no es solo una despedida;

es una gran gala de colores.

La cosecha está lista.

Las canastas se llenan. El corazón también.


Durante cuatro ciclos de luna,

la tierra se acerca a Pachamamá,

y María se vuelve más interior.


Todo lo que sembró florece afuera…

y dentro de ella también.





❄️ INVIERNO



El silencio fértil


Todo calla.

Pero no está muerto: está descansando.


María lo sabe.

Por eso se mueve con suavidad.

Aprovecha la luz del día para alimentar a sus animales,

acomodar las semillas, observar el jardín dormido.


La tierra guarda secretos bajo el frío.

Y ella, con los ojos húmedos, sonríe.


Una lágrima le cae por la mejilla,

no de tristeza…

sino de gratitud.


María ve lo invisible.

Sabe que incluso el invierno tiene su cosecha.





🌕 EL CICLO CONTINÚA



María vive como vive la tierra:

sin prisa, sin artificios, sin olvido.


Sus días no los mide con relojes,

sino con lunas, cantos de gallo y estaciones.

En raíces, en frutos, en silencios.


Ella escucha lo que muchos han olvidado:

el lenguaje del sol, de la lluvia, del brote y del abono.


Y tú…

¿escuchas a la tierra?

¿Recuerdas lo que te hace florecer?




La tierra no solo da vida.

También nos enseña cómo vivir.

María escucha…

Y tú, ¿la estás escuchando?

 
 
 

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